Que los zapatos han hecho fantasear a las mujeres desde el principio de los tiempos no es una novedad. Pero entre todos ellos, entre todo ese universo, hay unos cuantos muy especiales por la historia que guardan en sus hormas.

¿Quién no ha soñado alguna vez con calzarse los zapatos rojos de Dorothy? Muchas, por no decir todas. Querías hacerlos bailar y pasear con ellos por el camino de las baldosas amarillas. Eso es lo que hace que un zapato sea icónico, que tenga una historia detrás, sea de fantasía o sea real, que lo haga único hasta el punto de que con decir “zapatos rojos” te venga a la mente una riada de imágenes, y casi las primeras sean de esos zapatos de rubíes que calzaba Dorothy.

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Otras veces sucede de otra manera, piensas en una película y unos zapatos maravillosos aparecen ante ti. Si digo “Sexo en Nueva York”, seguro que aparecen unos Manolo Blahnik, concretamente los de seda azul con pedrería del final de la primera película. Y si digo “Pretty Woman”, esas botas mosqueteras de charol.

Fuera del cine también existen asociaciones. Kate Moss y las Hunter, Charlotte Olympia y sus bailarinas de gatito, Nancy Sinatra y sus botas “made for walking”. Y zapatos que sin asociación ninguna se han convertido en icono atemporal. El caso es que nos acordamos de todos ellos porque han marcado un hito (no especialmente porque nos los queramos poner), porque nos recuerdan un momento feliz, una canción, un baile, una película, un icono. Hacen soñar y permanecen en el imaginario de todos por eso, porque cuentan historias, y ahora te las contamos nosotros.

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Los zapatos de Vivier

El primer puesto lo ocupan unos zapatos que no solo hicieron historia, sino que han vestido generaciones y generaciones de mujeres hasta hoy mismo. Son los icónicos zapatos con hebilla de Roger Vivier. Corrían los años sesenta y una jovencísima Catherine Deneuve rodaba Belle de Jour vestida de Yves Saint Laurent y calzada por Vivier. Aquellos zapatos de puntera y mini tacón cuadrado con una enorme hebilla en la puntera, se convirtieron en el calzado de culto de aquellos años y de los venideros. Tanto que Vivier los adaptó para que cualquiera que los deseara pudiera comprarlos, y así las mujeres de los sesenta y setenta se vieron algo más liberadas de la dictadura del tacón.

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Los “Manolos” de Sex and the City

Carrie Bradshaw tenía una adicción que no consiguió dejar, no como el tabaco, y eran los zapatos. Todas queríamos su vestidor, especialmente por esos Manolo Blahnik que se reproducían hasta el punto de apenas repetir modelo. Pero entre todos ellos hubo uno que marcó un hito, el modelo Bebek, “el” zapato, ese con el que Mr. Big le pide matrimonio en la primera película que continuaba la serie.

Por supuesto, causaron furor en las tiendas.

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Las botas de Vivian

Pretty Woman es la típica película que veríamos cada domingo, a las pruebas me remito, cada vez que la echan en la tele, todos los stories (nueva medida de fama) se hacen eco de la proyección. Pues este clásico no hubiera sido en absoluto lo mismo sin las botas mosqueteros de charol que lucía Julia Roberts en su papel de Vivian Ward. Ella las convirtió en el calzado más sexy de la historia del cine. Y aunque ninguna lo pensábaamos, llegaron a ponerse de moda hará unos 5 años, puede que incluso guardes un par en tu armario.

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Los zapatos de Maria Antonieta

La famosa versión de la biografía de Maria Antonieta firmada por Sofia Coppola contó con un diseñador de excepción. Y es que fue Manolo Blahnik quién creo esos delicadísimos zapatos que vestía Kirsten Dunst cuando encarnaba a la reina más frívola de Francia. Brocados, terciopelos, pieles, colores pastel… Zapatos de exposición.

Nos bajamos del celuloide y volvemos a la tierra, ahora para recordar los zapatos que quedan en nuestro imaginario por su historia personal.

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Las cuñas de Ferragamo

Allá por los años 30 el acero escaseaba y Salvatore Ferragamo se animó a probar otros materiales para fabricar zapatos. Y probando con el corcho creó los primeros zapatos de cuña, concretamente en 1937. Costó, como en todo lo nuevo, que cuajase en la sociedad, pero su ligereza y la comodidad (gran innovación con respecto a los clásicos tacones) les hizo populares y sus compañeros de gremio empezaron a copiarle. Roger vivir creó el primer par para sea pasarela, poniendo la guinda a una colección de Schiaparelli dos años más tarde.

Este modelo de Ferragamo data de aquella época, aunque si nos dijeran que son de este verano, nos lo creeríamos.

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Los Escarpines de Chanel

“Son el toque de elegancia definitivo”, dijo Coco Chanel de estos zapatos cuando los creó en 1957 con el objetivo, como siempre, de dar comodidad a las mujeres sin perder feminidad. Y es cierto, los pies de Catherine Deneuve, Romy Schneider, Brigitte Bardot, Delphine Seyrig, Jane Fonda o Jeanne Moreau así lo aseguran. Tanto es así que hay quien los ha atesorado en sus sucesivos relajamientos y quien no dudó en hacerse con unos cuando Lagerfeld tuvo el acierto de relanzarlos en 2015. Acto seguido todas las marcas low cost se emplearon en crear su copia, pero quien tiene esos Escarpines de Chanel, tiene un tesoro.

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Los gatitos de Charlotte

Hablamos de los Kitty Flats de Charlotte Olympia. La zapatera de las estrellas estaba, y está, enamorada de los tacones y plataformas tan altos como originales, pero Charlotte fuera de la alfombra roja es madre trabajadora y la comodidad se impone así que decidió hacer un zapato plano que le permitiera seguir el ritmo diario.

Y las musas llegaron en forma de slippers inspirados en Agatha Christie, masculinos, pero con el twist femenino que podían aportar unas suaves zapatillas de ballet. Al fabricarlos quedaron dos picos imprevistos en el empeine que simulaban las orejas de un felino, y en un alarde de humor dibujó en aquellos zapatos la cara de un gato. Un humor que se ha convertido en su seña de identidad.

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Generaciones de Converse

Estas zapatillas que llevabas de niña y sigues llevando ahora, existen desde 1908, cuando Marquis Mills creaba la Converse Shoes Rubber Company. Esta compañía fabricaba las primeras zapatillas All Star en 1917, compuestas únicamente por goma y lienzo y concebidas para venir los pies de los deportistas de la liga profesional de baloncesto. En 1921, Charles “Chuck” Taylor las hizo famosas cuando jugó en un equipo patrocinado por dicha empresa, incluso llegó a dar ideas de cómo mejorarlas y fue entonces cuando se añadió el famoso parche al tobillo. Y así, avance tras avance en su diseño, llegaron a nuestros días, pasando de la pista a la calle con un estilo muy parecido al original.