Arroces Ten: ¡Todo un 10!

Hace unos días estuvimos conociendo una nueva propuesta que ha llegado a la oferta gastronómica de Madrid. Les contamos cómo nos fue.


Arroces Ten, con aproximadamente un mes desde su apertura, nos ha sorprendido porque con el poco tiempo que hasta ahora lleva abierto, sabe muy bien lo que su cliente quiere. Podríamos empezar por sus entrantes o hasta por su tarta de queso (que guarda toda una historia), pero no, vamos lento porque de este lugar sí que vale la pena hablar.

Ubicado en Calle del Pinar 6, cuenta con una ubicación geográfica muy  estratégica, pues esta junto a Paseo de la Castellana y a unos pasos de Serrano en Salamanca, un barrio de Madrid que para todos es una referencia gastronómica al contener varios de los mejores restaurantes de la capital.

Su servicio de principio a fin es bastante ameno, desde que entramos por la puerta, se nos ubicó en una mesa rápidamente y tanto el encargado como el camarero tuvieron una sonrisa en su rostro constantemente. Hoy por hoy, el servicio resulta siendo casi tan importante que la comida, pues el salir a comer, al convertirse en toda una experiencia, puede ser mayormente positiva o negativa de acuerdo al trato dado por el lugar. Lo anterior no debería reconocerse más como un valor agregado, sino por el contrario, debería reconocerse como parte necesaria y fundamental del trato hacia el cliente y esto, se puede llegar a sentir lo claro que lo tiene el personal de Arroces Ten.

En cuanto a la carta, hasta el pan da de qué hablar, suave, esponjoso y con su corteza crocante. Nos pusieron un poco de jamón de aperitivo mientras esperábamos por los entrantes…

Llegó la Flor de alcachofa frita con miel de trufa a nuestra mesa, dos alcachofas gigantes con forma de flor que sólo con el primer bocado, no podíamos creer lo que nuestras papilas gustativas estaban emitiendo al resto de nuestro cuerpo. Personalmente, podría decir que en lo que va del año, no había probado una alcachofa frita más buena que esta, sencillamente todo en su punto.

Luego del primer deleite, recibimos el Cucurucho wanton de rabo de toro, que es una especie de cucurucho con chocolate negro en su base y en el medio un guacamole que sostiene el rabo de toro estofado. Sorprendida de nuevo. La verdad es que nunca había probado un plato de sal, mucho menos de carne, acompañado con chocolate negro, jamás se me habría pasado si quiera por la cabeza que esta combinación podría saber bien y la verdad es que, con este segundo entrante, el restaurante fue superando cada vez más nuestras expectativas.

Así fue como minutos después, hizo aparición uno de los diez arroces, el Arroz Señoret. Muchos calamares, mejillones y gamones a la vista, por el olor prometía. Primer bocado y sí, una vez más sorprendidos por este restaurante que como ya mencionamos, con tan poco tiempo de apertura, ha acertado hasta ahora tan bien, incluso mejor que otros que llevan mucho más tiempo instalados en la capital. El arroz no podía estar más en su punto, a medida que probábamos un bocado tras otro bocado, el sabor mejoraba, era como una especie de truco de magia, ya que con el pasar se ponía más bueno.

Finalmente, no podíamos sentirnos más satisfechos, hasta ahora el servicio había sido un diez y la comida, por supuesto que también pero faltaba algo, el postre estrella de la casa. Nos trajeron la tarta de queso, con toda una historia, pues su receta había sido escrita en un papel por un amigo o conocido del dueño, con pocos detalles y sin nombre, el restaurante la incluyó en su carta a nombre de “Tarta de queso no es mía”.

Arroces Ten, como ya lo dijimos, todo un 10! Si no lo conocen, los animamos a que vayan cuanto antes.