Lo del brilli está tan arraigado a las fiestas navideñas como las doce campanadas, pero este año le damos una vuelta y volvemos a lucirlo sin esa connotación hortera, ¿o sí?

Era llegar las fiestas y nosotras, con una adolescencia que después consideramos ciega, nos lanzábamos a por todo lo que brillara en los escaparates. Daba igual, lúrex, lentejuelas, purpurina, cristalitos… Todo valía siempre y cuando brillase, pero mucho. Después consideramos una horterada supina eso de uniformarnos en Nochevieja de aquella manera y empezamos a usar el negro y la elegancia para despedir el año. Pero mira, todo vuelve, y si este año Zara ha conseguido que volvamos a ponernos los pantalones de las madres de los 90, la noche de fin de año conseguirá que volvamos a brillar (literalmente). Eso sí, ni licras que dejen poco a la imaginación ni zapatos de plástico y tacón infinito, más bien diversión, mezcla, algo de los 90 (era necesario) y zapatillas. Que puestos a recuperar la tendencia y poner patas arriba el mandamiento de la elegancia, lo hacemos bien.