El Egeo turco, cuna de Occidente

En el punto donde se unen Oriente y Occidente, al oeste de la Península de Anatolia, se despliega un territorio lleno de misticismos que sedujo a filósofos, a eremitas bizantinos y a otomanos. El viaje por la región del Egeo se detiene en majestuosos paisajes de verdes colinas, idílicos pueblos de pescadores e increíbles yacimientos arqueológicos, testimonios de un legado de más de 5.000 años de historia y cultura. Un paraíso incomparable donde el pasado y el futuro se encuentran para maravillar a quien se asome a sus encantos.

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La región del Egeo en Turquía cuenta historias mitológicas y leyendas bélicas mientras una suave brisa marina nos recuerda que estamos ante uno de los paraísos de Turquía, repleto de lugares sagrados y joyas de la naturaleza, madre patria de importantes figuras de la literatura clásica como Homero y cobijo de los más grandes filósofos: Platón (Assos), Heráclito (Éfeso) y Anaximandro (Mileto). Mares y montañas que habitaron hombres y dioses miles de años atrás, donde los hititas se vieron forzados a dejar paso a los romanos, estos a los bizantinos, los bizantinos a los otomanos hasta, después de siglos y mucha sangre, convertirse en lo que es en la actualidad, una de las zonas más pobladas y económicamente más desarrolladas de la república turca. Una región donde diferentes culturas han creado un mosaico de colores, sabores y esencias únicas e irrepetibles.

Es en la bahía de Bodrum, antigua Halicarnaso, donde una línea imaginaria divide el Mediterráneo y el Egeo. Amarradas a sus huecos, numerosas estaciones balnearias jalonan su costa de playas tranquilas, dominadas por el castillo de San Pedro, del siglo XV. De visita obligada son las ruinas del Mausoleo, una de las siete Maravillas de la Antigüedad, y su Teatro (s.IV a.C.), del que aún se conservan la escena, la orquesta y la cávea. Durante el día Bodrum ofrece un aspecto apacible, sobre todo en las horas más cálidas de la tarde, momento que los turistas aprovechan para relajarse en sus exclusivos hoteles, como el Kempinski, o para surcar el litoral a bordo de veleros que pueden alquilar en el lujoso puerto que preside la ciudad, tripulación incluida. Pero cuando el sol traspasa la barrera del horizonte, Bodrum sale de su letargo para destapar su otra cara, una vida nocturna cuyas pulsaciones, a ritmo de “techno-house”, contagian a tiendas, bares, restaurantes y discotecas. Glamurosa y chic, es conocida como la “Marbella turca”.

A media hora de la ciudad de Denizli, junto al yacimiento de Hierápolis, la naturaleza convertida en hábil arquitecta eleva uno de los rincones más maravillosos y enigmáticos del universo: Pamukkale (‘castillos de algodón’ en turco), un decorado de blancura azulada fruto de la cal y las sales minerales que brotan de sus fuentes termales. En la distancia, este capricho de la naturaleza se muestra majestuoso a los ojos del visitante como una secuencia escalonada de cataratas fosilizadas, pero en constante ebullición, vivas y cristalinas. Si nos acercamos, el paisaje adquiere la dimensión de un impresionante jardín acuático de estanques e inmensas caracolas de roca calcárea, Patrimonio de la Humanidad desde 1988. A tan sólo cinco kilómetros de Pamukkale, en Karahayit, el agua brota de los manantiales a 38 grados, motivo por el cual desde tiempos remotos ha permanecido como un enclave crucial para la práctica de lo que hoy se conoce como turismo de salud. Cientos de personas se concentran en las termas cada día para sanar o simplemente para disfrutar de sus espectaculares atardeceres.

El punto final a este viaje lo pone el litoral de la provincia de Izmir, una excelente manera de despedirse de la región del Egeo. Allí, en la pequeña península de Çesme encontramos playas que tensan al extremo su atractivo. Bañadas por el mar que da nombre a la región cada verano se convierten en punto de encuentro para los amantes de los deportes náuticos. El Egeo se muestra desafiante a orillas de Alçati, pequeña ribera que desemboca en una enorme bahía rodeada de colinas y sobre la que los vientos soplan de manera constante, ideal para los locos del windsurf y kitesurfing. Aquellos que prefieran sentir el placer que supone sumergirse en el universo marino pueden visitar Illica, una playa de arena blanca y aguas turquesas con un balneario famoso por sus baños termales, perfecta para la práctica del buceo y el snorkel. Las playas de Pirlanta Plaji y Altinkum Plaji, en Ciftlik, son el escondite ideal para los amantes de la buena gastronomía.

La riqueza histórica del pueblo turco, sus tesoros subterráneos y el carácter afable y armonioso de su gente son sólo algunas de las múltiples razones que invitan a visitar esta joya de la península de Anatolia. Cada día una nueva aventura, un nuevo e inolvidable momento para descubrir y recordar por siempre. Así es la región del Egeo, un lugar lleno de secretos en una tierra no muy firme a medio camino del cielo.

 

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