Que no te suene técnico. Aquí te contamos qué son, por qué no los queremos (tampoco el planeta) y por qué tienes que unirte a nosotros en la revolución autoconservante.

¿En qué piensas cuando decimos ‘parabenos’? Posiblemente en un ‘no’ rotundo y en la búsqueda rabiosa de cosméticos que aseguran no contenerlos. Pues bien, allá por los años 30 del pasado siglo, a unos científicos la idea de los parabenos (un conservante sintético) les pareció la pera limonera (disculpad el coloquialismo pero un tema tan técnico necesita quitarle hierro). “Alargaremos la vida útil de los cosméticos de unos pocos meses a 2 años”- decían – “será lo más” – debían añadir. Y así era, los cosméticos empezarían a durar mucho más – pues con ellos se evitaba el crecimiento de bacterias en los cosméticos por culpa de su contenido en agua -, los costes de producción se reducirían y de paso tu piel y el planeta se iban a llevar algunas ‘cosas’ absolutamente innecesarias e indeseables (por mucho que esté controlado por las instituciones sanitarias).

Por esa razón hoy huimos de ellos como de la peste sin caer en que los parabenos son solo uno de los muchísimos conservantes sintéticos que se utilizan habitualmente (por no decir siempre) en cosmética.

Si son tan necesarios, ¿cuál es el problema?

Las consecuencias inmediatas del uso de conservantes sintéticos en los cosméticos se manifiestan en tu piel. Aunque la Agencia Española del Medicamento se encarga de que ningún cosmético sea nocivo para la salud, lo cierto es que provoquen o no alteraciones cutáneas, no suponen ningún aporte beneficioso para ella.

Y luego está el planeta. En 2005 se vertieron 75.000 toneladas de conservantes sintéticos en los ríos, lagos y mares de la Tierra. El elefante más grande conocido pesa 6 toneladas, multiplica elefantes.

Atención, pregunta: ¿es posible vivir sin ellos?

Cabe preguntárselo porque multiplicando elefantes sale una cantidad ingente de porquería contaminando el planeta y la piel, y la respuesta (para alivio de todos) es . ¿No lo hacían los hombres prehistóricos? Ellos ya conservaban sus alimentos con sal, por ejemplo. Claro que puede que no sea tan lucrativo (requiere más cuidado en la producción), por eso llegamos nosotros, nos las dimos de listos y decidimos producir a gran escala con cosas muy poco naturales.

Pero Lush, siempre comprometido con el medio ambiente y con la naturalidad de sus productos, ha recuperado aquella costumbre prehistórica y ha descubierto que añadiendo elementos como la sal, la arcilla o la miel, el contenido acuoso de un producto se reduce y con ello, la proliferación de microorganismos. Y de paso, mas nutrición natural para ti.

Así han creado Ocean Salt, un exfoliante de cara y cuerpo a base de sal marina, lima orgánica y manteca de mango, entre otros. Mask of Magnaminty, con miel, semillas de Onagra y aceite de Tagetes. Y la Dream Cream, una crema muy nurtitiva a base de leche de avena, aceite orgánico de Oliva Virgen Extra, agua de rosa, manteca de cacao… 

Menos contaminación, más nutrición, son todo ventajas; ahora solo queda que las empresas sacrifiquen la producción masiva por una más cuidada que busque lo natural. Y ganamos todos.

Pulsa aquí para añadir un texto