Seis Ocho, no es un restaurante moderno más

“Esto es mi forma de vida y quiero hacer de ello algo exquisito”, me dice Begoña Fraire, dueña del restaurante madrileño Seis Ocho, mientras me explica la carta. Y parece que esta extremeña lo ha conseguido, porque todo, desde que entras hasta que te vas, rebosa exquisitez.

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Lo primero, la comida: se trata de una cocina de autor, con aires tradicionales pero sobre todo creativa, delicada, elaborada y a la vez ligera, y con técnicas modernas. El producto y el sabor son sus dos pilares. Pero la presentación, que demuestra la sensibilidad de Begoña, no se queda atrás, y el local tampoco. Cerca del metro de Suanzes, completamente fuera del circuito habitual, es un barrio que parece el Bronx en Madrid. Simplemente no te esperas que ahí haya nada que merezca la pena y esto tiene mucho encanto. En un polígono industrial rodeado de naves y oficinas (sí, qué pasa, nos gusta), Seis Ocho es un pequeño oasis estético, tanto por sus platos como por su decoración.

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Techos altos, paredes de ladrillo, suelo de cemento pulido, un enorme grafiti y mucha madera en un espacio de corte industrial que recuerda a los de Londres o Nueva York. Las sillas de los Eames para Vitra, la cristalería diferente o la mantelería de lino de esas de las buenas hacen el resto. Ya es atrayente por fuera, pero es que la ejecución, gusto y finura de sus creaciones culinarias es sencillamente espectacular. Porque aquí hemos venido a comer, que no se nos olvide.

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Muchos restaurantes actuales hacen hincapié en la materia prima, porque está de moda lo ecológico, la vuelta a un consumo más auténtico y al buen comer del pueblo (en su sentido más positivo) y de toda la vida. En Seis Ocho esto pasa de verdad. Desde los aperitivos a los postres, todo respira el buen hacer del equipo y el compromiso que tienen con el producto, lo que les lleva a trabajar posiblemente con la mejor calidad del mercado. Tres ejemplos: la carne proviene de Galicia y Asturias, el foie gras es ecológico (de verdad) y del salmón rojo reciben las analíticas de sangre (en su web podéis consultar los proveedores, son todos muy selectos). Para rematar, el pan es artesano y está delicioso.

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Prueba: el salmorejo negro con salteado de chipironcitos y langostinos, el salmón rojo salvaje de Alaska con ensalada de papaya verde y el tocinillo de lúcuma con granizado de naranja sanguina.
Un plus: hay medias raciones, carro de quesos (buenísimos) y de champagne, y también puedes tomarte un cóctel, una copa de vino o comer de manera más informal en la barra.

Calle Albasanz 68
91 327 36 07

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